sábado, 9 de mayo de 2015

Mini historia de Primavera

Otra vez esa sensación, me pica las yemas de los dedos y el sol me da en la cara, Invierno se ha largado otra vez como siempre dando paso el 21 de marzo aunque juraría que este año se ha ido antes, me ha abandonado, esa loca de corazón helado se habrá ido a buscar desesperadamente a Otoño.
Me incorporo y el sol empieza a iluminarme las mejillas y me esfuerzo por fruncir el ceño. Calor. Que alguien me meta en una cueva por favor.
Como a la gente le puede gustar Primavera, me vienen tantas ideas agradables a la cabeza que me entran ganas de vomitar, pienso lo bonito que sería rescatar la casa de madera de mi patio y hacer un invernadero con bambú, cactus y menta,  y aún mas estúpida me siento al admitir que ayer compre un molinillo gigante de mil colores o que me compre un artilugio que utilizan los niños pequeños para hacer pompas de jabón. No quiero admitir que me encantaría tirarme rodando por una colina de margaritas y amapolas, e instantáneamente intento quitarme esa idea la cabeza pensando en los mosquitos y de nuevo en el calor pegajoso. Y también me duele admitir que ahora mismo, en ese mismo instante me pondría una falda con un llamativo estampado de flores que contadas veces he utilizado, obviamente solo dentro de casa.
En ese momento se me escapa una sonrisilla y levanto la mirada, enfrente a una niña pelirroja con pecas y ojazos azules (casi se podía ver el océano en sus ojos) estaba apoyada sobre mi piano sonriéndome con su perfecta dentadura y en ese momento desapareció.
-No te escondas, se que eres tu, Primavera.
Todo aquello me daba miedo, si podía ver a una estación no sabia donde quedaba el limite de lo real y lo imaginario.
Deliraba.
Estaba segura de ello, cosa que hacía que mis paranoias y mis neuras fuesen a más.
En ese momento casi como una señal se colo un diente de león por la rendija de la ventana.
Pedí un deseo, quería estar junto a Primavera siempre, vivir atada a ella aunque eso conllevase convertirme incluso  en un zorro, la quería. Pero eso nunca sería posible ya que Primavera era demasiado libre, y probablemente en una semana no se acordaría de mí.
Y el pintor tenía razón nunca podría estar con Primavera, porque realmente el no la veía, nunca lo había visto, su locura era tan grande que creía ver a Primavera pero en realidad ella no estaba frente a el, apoyada en el piano, si no en la otra esquina de la habitación mirando perpleja la escena.

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